3 de marzo de 2015

Grandes ninfómanas de la historia: De Cleopatra a Isabel II

De Cleopatra a Josefina Bonaparte pasando por Isabel II de España, estas mujeres están consideradas devotas históricas del sexo, con un apetito carnal desmesurado y voraz que se convirtió en leyenda incluso mucho antes de su desaparición. Su lista legendaria de amantes y cuernos puebla numerosa crónicas históricas más o menos apócrifas porque puede ser, solo puede ser que todo sea invención. No en vano, el machismo no lo hemos inventado nosotros. 

Y es que no en vano, cuando hablamos de adulterio o de afición por el sexo -propio, contrario o ambos-, las mujeres tienen las de perder. Hoy y casi siempre. Hemos preparado y rescatado la memoria pícara de aquellas mujeres con poder o que estuvieron lo suficientemente cerca del poder para poder disfrutar de su cuerpo libremente y de manera que sus contemporáneas ni siquiera se atreverían a soñar. Mientras los poderosos tenían carta blanca para sus correrías sexuales, modestas o maratonianas -lo que les servía para crear una envidiable reputación en la calle- sus esposas, madres o hermanas, aunque podían hacer lo mismo, eran carne de escarnio en las esquinas de su tiempo. 

Por hacer in inciso e ir acaparando datos curiosos, hemos de decir que no siempre ha sido así. Hay que remontarse a la antigua Esparta para encontrar una situación ventajosa para la mujer... si es que no era esclava. En esa ciudad estado, cuando se producía un adulterio provocado por la mujer, el engaño tenía un supuesto en el que estaba permitido: Si es que el "amante" era mayor estatura y musculatura que el marido burlado. Entonces éste no podía ni física ni jurídicamente atacar a su mujer, a la que se permitía tener relaciones con su nuevo y robusto hombre. 

No es el único caso. En el tercer milenio antes de Cristo, en Babilonia todas las mujeres tenían la obligación, al menos una vez en su vida, de acudir al santuario de Militta para practicar sexo con un extranjero como muestra de hospitalidad a cambio de un pago simbólico. Y lejos de allí, en la legendaria china imperial, la emperatriz Wu-HU obligaba a los dignatarios y diplomáticos extranjeros que visitaban su reino a mostrar respeto por su figura realizándola un jugoso cunilingus

Pero vamos con nuestras ilustres devotas del sexo, artistas, mandatarias, personalidades del medio artístico o reinas, que tuvieron que lidiar con los deseos que su cuerpo les exigía:

1.- Joan Crawford (1905 -1977): 
Primero, una mujer cercana en el tiempo. La actriz estadounidense además de ser conocida por sus diversos trabajos en el mundo cinematográfico en Hollywood, también fue afamada por su activa vida sexual. Lucille LeSueur, su verdadero nombre, se convirtió en una estrella de cine pero antes de eso y tras llegar a Los Ángeles en busca de su sueño se vio obligada a ejercer la prostitución. Era lesbiana y sus clientas siempre fueron mujeres. Pero algo de su antiguo y penoso oficio quedó como una costumbre porque según el escritor Scott Fitzgerald, fue la mujer más desenfadada y alocada de la década de los veinte. Contrajo matrimonio en cuatro ocasiones, pero sus amantes de ambos sexos fueron innumerables. 

Su rostro irradiaba dureza. La dureza implacable del deseo voraz. Y es que Bette Davis llegó a decir de ella que se había acostado "con todos los actores de la Metro excepto con la perra Lassie". Cuentan que el elemento que encendía su pasión por la mujeres era la competitividad. Si los hombres eran un juguete en sus manos, el objeto de su dominio, en el caso de las féminas, lo encendía la competitividad con ellas por los mejores papeles protagonistas, por el mejor atractivo, y, en última instancia, también por el placer en la cama. Se dice que sus relaciones lésbicas eran encuentros interminables -a veces con dos o tres mujeres a la vez-. Aseguran que la mismísima Marilyn Monroe fu una de sus amantes-víctima.


2.- Isabel II de España (1830-1904): 
Fuese por aburrimiento o por su matrimonio pactado con su primo Francisco de Asís, hombre afeminado e incapaz, la reina española que dominó la escena política durante la segunda mitad del siglo XIX tuvo una larga lista de amentes y una fama más que ganada de mujer entregada a los placeres de la carne pese a que era decididamente poco agraciada

Desde su adolescencia Isabel II se vio envuelta en casos que en las calles de Madrid eran despachados como asuntos picantes. De manera apócrifa o real. Varios de sus preceptores corrieron dispar fortuna por sus caprichos o la de sus consejeros. José Vicente Ventosa, fue expulsado del palacio "por razones graves", y se hablaba de tocamientos a la futura reina. Francisco Frontela, conocido como Valldemosa, a quién llamaban 'el amante de la reina', fue su maestro de música, y a quién la reina condecoró con la Cruz de Carlos III. El último de los preceptores polémicos fue Salustiano de Olózaga, que pasará a la historia por ser considerado el que desfloró a la joven reina

Tras su matrimonio se le atribuyeron infinidad de amantes de sus sucesivos gobiernos, guardia de corps e incluso algún aventurero que otro de sudosa cuna. El caso es que de entre estos últimos, algunos de ellos llegaron a ser oficiales. Pero hay que advertir que para desgracia de la reina, entre sus 'conquistas' abundaban los pelotas, arribistas e interesados con ganas de medrar en la corte. A decir verdad poco amante por devoción a su figura.

3.- Cleopatra (69-30 a. C): 
Cuentan de ella que era una mujer brillante e inteligente que sacó a su país de la crisis en la que estaba sumida mucho antes de que su familia, los ptolomeos, llegaran al poder en Egipto. Claro que también cuentan que era bellísima y una auténtica depredadora sexual con un apetito infinito. Bajo el nombre de Cleopatra Filopátor Nea Thea, o Cleopatra VII, fue la última reina de la dinastía Ptolemaica del Antiguo Egipto. 

Desde su adolescencia, Cleopatra causó sensación por su gran cultura y su irresistible atractivo personal. Fue con esas armas como logró seducir a Julio César, quien se convertiría en su esposo y que a su llegada a Egipto la colocaría en el trono. A pesar de su matrimonio rápidamente acaparó fama como amante, con especial predilección por el sexo oral -y es que los griegos llegaron a apodarle 'merichane', 'boquiabierta' o 'la boca de los diez mil hombres'-. 

Algunas crónicas contaban que Cleopatra convocó a los cien generales romanos que residían en Egipto a una fiesta exclusiva, que pronto se reveló como un ritual sexual de proporciones faraónicas, pues se presume que la faraona puso a prueba sus mejores prácticas sexuales con ellos. Además, existe quien afirma que después de una batalla contra Roma, Cleopatra decidió recompensar a todos aquellos que lucharon por ella, razón por la que organizó la primera orgía náutica de la que se tiene noticia: Se lanzó al Nilo una embarcación muy lujosa, en la que no faltaron los excesos carnales y etílicos

Además de César, Cleopatra logró conquistar a Marco Antonio, un general y político también romano con quien procreó a 3 hijos. Se suicidó cuando vio que su destino era convertirse en esclava de Roma. Para hacerlo pidió a sus sirvientas que le llevasen una cesta de fruta con una cobra egipcia dentro, la cual fue responsable de su muerte, el 1 de agosto del año 30 antes de Cristo....

4.- Catalina La Grande (1729 - 1796): 
Una mujer de éxito. La zarina Catalina II, ha pasado a la historia por expandir y modernizar el Imperio ruso durante su reinado, que se prolongó entre 1762 y 1796. Fue una mujer poderosa de fuerte carácter y de armas tomar de origen prusiano. Se casó con el duque Pedro, nieto del zar Pedro el Grande, quien era heredero al trono ruso. Fue una adelantada a su tiempo, ya que como no estaba contenta con su pusilánime marido, Catalina le derrocó convirtiéndose en la líder de Rusia. 

No se conocen los pormenores pero durante sus primeros ocho años de matrimonió con Pedro, Catalina se mantuvo virgen y se cuenta que no conoció varón durante sus ocho años de matrimonio, pero después, tras su subida al trono ruso, hizo al noble Sergey Saltykov su amante oficial. Decimos oficial porque al margen de éste, la emperatriz tuvo decenas de amantes con los que apaciguaba su afición furibunda al sexo. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de soldados descubrió una estancia repleta de objetos eróticos construida por orden de la emperatriz rusa con lo que alimentó el mito de las extrañas costumbres sexuales de la emperatriz. Un ejemplo de la liberal relación de Catalina la Grande con el sexo es la llamada 'habitación erótica', una estancia decorada con todo tipo de elementos pornográficos. Así, mientras una de las paredes estaba decorada en su totalidad con falos de madera de diferentes formas, el mobiliario estaba constituido por un gran número de sillas, escritorios y pantallas con escenas pornográficas.

5.- Maria Antonieta (1755 -1793):
Según la historiadora francesa Simone Bertiere, experta en la vida pública y privada de las reinas francesas de los siglos XVII y XVIII, la incompatibilidad entre Luis XVI y María Antonieta no se debía a una supuesta y muy difundida malformación del rey sino a ciertas cuestiones fisiológicas que, aparentemente, impedían a María Antonieta disfrutar del sexo. La teoría de Bertiere ataca el mito que asegura que el soberano era afeminado y casi impotente y que su esposa, una mujer bastante inmoral. ¿Problema? Que es una de las `pocas voces autorizadas que discute que la reina era un poco o mucho desvergonzada

Maria Antonieta era la hija menor del emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Francisco I, y de su esposa María Teresa I, archiduquesa de Austria, reina de Hungría y reina de Bohemia. A los 15 años fue obligada por su madre a contraer nupcias con el nieto de Luis XV de Francia, el Delfín Luis Augusto, quien años más tarde se convertiría en Luis XVI. 

La relación entre ellos fue muy compleja, es o es cierto. El rey evitaba a su mujer, por lo que el matrimonio se consumó varios años después de haberse llevado a cabo y, además, ella tuvo que encontrar la respuesta a sus naturales inclinaciones en ciertos personajes de la época, tales como el conde de Artois y con el conde sueco Axel de Fersen. Es decir, si una malformación congénita de su sexo provocaba una incompatibilidad sexual con su marido parece que los mismos elementos la impedían copular con algún que otro amante bandido que más tarde, con Robespierre en el poder, podía haberse jugado el gaznate si se descubría su relación escondida. En fin... 

Un detalle verídico nos puede dar la pista de su carácter. María Antonieta poseía un juego de tazones modelados en forma de pechos creados para ella y realizados por la fábrica de porcelana francesa de Sèvres. Según documentos de la época, sus propios pechos sirvieron de moldes, y son conocidos popularmente con el nombre de 'jattes tétons'. Se trata de unos tazones de curiosa forma, como calabazas blancas suspendidas en unos pequeños trípodes con pequeñas cabras incrustadas.

6.- Isabel I de Inglaterra (1533 -1603):
Elisabeth I fue conocida como La Reina Virgen, por no haberse casado nunca y haber muerto sin descendencia. Por eso el rumor sobre su homosexualidad se propagó enseguida por todas las cortes europeas. Sin embargo, eso no le impidió gozar de su sexualidad y más cuando la historia parece haber demostrado que padecía adicción a mantener sexo con sus súbditos. Fue reina de Inglaterra e Irlanda desde el 17 de noviembre de 1558 hasta el día de su muerte. 

Isabel fue la quinta y última monarca de la Dinastía Tudor. Hija de Enrique VIII, nació como princesa, pero su madre, Ana Bolena fue ejecutada cuando ella tenía tres años, con lo que Isabel fue declarada hija ilegítima. Sin embargo, tras la muerte de sus hermanastros, Eduardo VI y María I, Isabel asumió el trono. Una de las primeras medidas que tomó fue establecer una iglesia protestante independiente de Roma, que luego evolucionaría en la actual Iglesia de Inglaterra, de la que se convirtió en la máxima autoridad. 

Sobre sus preferencias sexuales, la historia ha demostrado que entre sus numerosos amantes, la reina Isabel mantuvo relaciones con diversos hombres de su corte: sir Christopher Hatton, lord canciller entre 1587 y 1591; sir Walter Raleigh, cortesano cumplido, aventurero e historiador y, sobre todo, lord Robert Dudley, a quien otorgó el título de duque de Leicester en 1564. Su relación con Dudley sobrevivió al matrimonio secreto de éste con la prima de Isabel, Lettice Knollys, condesa viuda de Essex, en 1579. 

Algunos historiadores un tanto apócrifos aseguran que su concupiscencia desmedida le hacía parir bastardos a troche y moche. También se dijo y se comento que tenía una malformación congénita en el sexo. En 1579, en el transcurso de las negociaciones de matrimonio con el duque de Alençon, hermano del rey de Francia, lord Burghley escribió a su pretendiente: "Su Majestad no sufre enfermedad alguna, ni tara de sus facultades físicas en aquellas partes que sirven propiamente a la procreación de los hijos". En fin...

7.- Josefina Bonaparte (1763 - 1814):
Josefina Bonaparte cambió la guillotina por la corona, dicen muchos historiadores. Su historia no es de devoción por el sexo sino más bien de utilización de lo carnal como un medio para colmar sus ansias de dinero, lujo y poder.

Su historia vital es un salto mortal de la perdición a la gloria eso sí, pasando de marido en marido como una adelantada a su tiempo. Y es que estamos hablando probablemente de la emperatriz más carismática y ardiente que ha tenido Francia: Rose Tascher, Rose de Beauharnais o Josefina Bonaparte, según el marido que mantuviera vigencia. Era una mujer inteligente, carismática y ambiciosa, que salvó su cabeza de la guillotina para colocarle una corona y convertirla en la más poderosa de Europa.

Un año antes de que Napoleón Bonaparte cayera rendido a sus pies cuando ella contaba ya 32 años y el 26, Josefina estaba encarcelada en la dura prisión de los Carmelitas junto a su ya exmarido, Alexandre de Beauharnais -por el que abandonó su isla natal- que estaba acusado de traición por las paranoias de los tiempos del Terror. Él acabó en el patíbulo, ella consiguió zafarse en el último momento fingiendo una enfermedad, previo revolcón con el médico de la cárcel -según cuentan- . De allí salió con nuevo novio, el joven general Lazare Hoche, al que conoció entre rejas.

Al regresar a París, su tren de vida necesitaba de amantes pudientes que lo mantuviesen y, además de Hoche, Josefina supo rodearse de personas con dinero y poder como Paul Barras, el hombre con más poder en los primero años del Directorio. Pero cuando en octubre de 1795 Bonaparte se convirtió en héroe nacional tras aplastar la insurrección monárquica en Tullerías, su estatus cambió y ella se convenció de que aquel hombre bajito podía ser un buen partido. En marzo de 1796 Josefina y Napoleón firmaron una unión matrimonial que en la cabeza de ambos tenía connotaciones muy diferentes. Mientras él se entregó en cuerpo y alma a su Josefina, ella aseguraba que amor y vida conyugal no podían, ni debían, ser sinónimos. Cuando ese mismo año el general partió a la conquista de Italia, su mujer ya se dejaba querer por el oficial Hippolyte Charles, más refinado y sosegado que el impetuoso general. Así fue su vida, de amante en amante hasta bien entrada en la cuarentena.

8.- Paulina Bonaparte (1780 - 1825): 
Seguimos con la triste historia de las mujeres que adornaron la vida de Napoleón Bonaparte y su relación, difícil, con el sexo contrario. Desde los 15 años de edad, Paulina dejó ver su gran apetito sexual, ya que era bien sabido entre la sociedad que la joven se involucraba con hombres mayores, en especial los que pertenecían al gobierno. 

La hermana del emperador era una adicta al sexo de vida bastante triste -como casi todas- ya que el colmo de una adicta al sexo puede llegar a ser contraer matrimonio con un hombre dotado de un pene minúsculo. Tal fue su caso. 

Decepcionada, y quizás en exceso furiosa por su frustración de su matrimonio, pronto se puso a buscar un amante que no sólo tuviera un gran talento, sino que además fuera dueño de un atributo del mismo tamaño que su apetito carnal. Y lo cogió con ganas al parecer: Los médicos le recomendaron abandonar semejantes prácticas argumentado que "la presente condición del útero está causada por la constante y habitual excitación de dicho órgano; si esta situación continúa puede presentarse un cuadro extremadamente peligroso"

9.- Virginia Oldoni: 
En su tiempo, incipiente segunda mitad del siglo XIX, la Oldoni, a la sazón condesa de Castiglione fue considerada la mujer más bella del mundo. En 1856, con 19 años, llegó a París con 19 años, un afamado noble puso en duda su enorme belleza y cuando el comentario del Marqués de Gallifet a oídos de Virginia, ésta quiso demostrarle que estaba errado y lo invitó a visitarla a su mansión. Allí lo recibió completamente desnuda, tumbada en una chaise longue forrada de raso negro. A partir de aquel momento el marqués no dejó de alabar la sublime belleza de la Castiglione. Así era ella, altiva, impetuosa y muy hermosa. 

Virginia Oldoni, utilizó sus encantos para conseguir atraer la atención de los más importantes hombres de Estado. Conquistó a Napoleón III y se ganó el apodo de 'la mujer del sexo de oro imperial'

Pero a pesar de haber pasado por su lecho un nutrido número de amantes de importante posición social, económica y política no se aseguró una buena vejez, pues acabó viviendo y muriendo sola a la edad de 62 años en su apartamento de la Place Vendome, cuyas habitaciones estaban decoradas en negro fúnebre, las persianas bajadas y sin espejo alguno que delatase el transcurrir de los años y la perdida de belleza de su rostro.

10.- Mata Hari O Margaretha Geertruida Zelle (1876 - 1917): 
Recientemente se ha sabido que su debilidad eran lo uniformes. Comenzó su leyenda a finales del siglo XIX, cuando con tan solo 18 años se casó con un general 20 años mayor que ella, valiéndose del sexo para conquistarlo. Pero no fue hasta el estallido de la primera guerra mundial, en 1914, cuando comenzó a hacerse mundialmente conocida, pues por aquel entonces era la amante del jefe de la policía francesa, y al mismo tiempo, de un embajador alemán en Francia que trabajaba como espía. 

Ella misma se valió de ese supuesto papel de espía para acostarse con militares de toda Europa hasta que fue condenada a muerte con tan solo 41 años, después de haberse acostado con más de un centenar de hombres. 

11.- Alma Mahler (1879-1964): 
Esta compositora es u na de las mujeres más polémicas, controvertidas y fascinantes de la historia del arte. Pocas han sido una fuente de inspiración tan notable y han influido en tantos hombres de talento como la compositora, pintora y musa vienesa Alma María Schindler. 

Desinhibida en sus relaciones, Alma, mujer de singular y precoz belleza, fue amante y fuente de inspiración de muchos poetas, pintores, músicos, escritores, científicos y hasta un sacerdote con los que mantuvo apasionados romances, aunque tuviera que pagar a lo largo de su vida el alto precio de perder a varios hijos. 

Para muchos Alma fue una maestra en el arte de dominar a los hombres. Y lo hizo de una forma hasta cruel, pues era una mujer que construyó su propia personalidad sobre la de los hombres que la amaron ciegamente, "chupándoles" sus personalidades, usándolos hasta donde le servían y siéndole infiel a todos por igual. Y es que en la relación con sus numerosos amantes, cuanto más se humillasen esos hombres por ella, más grande y poderosa se sentía y, al mismo tiempo, más empezaba a despreciarles. 

Ha sido llamada la viuda de las cuatro artes, y considerada por sus críticos como un monstruo, fue una mujer materialista, posesiva y abusiva, profundamente antisemita, pero al mismo tiempo poseedora de carisma y de energía excepcionales. 

El primero que la besó, la desnudó, la dibujó y la conoció carnalmente, sobre un diván bajo un óleo de Delacroix, fue el pintor Gustav Klimt cuando Alma sólo tenía 17 años. A partir de ahí el carrusel de amantes anónimos y famosos no tuvo fin. Destacan sus aventuras con el director teatral Max Burchkard, con su profesor de piano y compositor Alexander von Zemlinsky.

12.- Isidora Duncan: 
Para muchos, esta bailarina fue la creadora de la danza moderna. Una verdadera estrella de los escenarios en su tiempo. Isadora Duncan era inteligente, tenaz, atea, socialista, bisexual y revolucionaria y creció en una familia en la que muy pronto faltó su padre tras abandonar el hogar. Su madre daba clases de piano para subsistir desde los 10 años ella daba clases de danza con un estilo fresco e innovador. En poco tiempo se convirtió en un icono de la danza con un estilo libre de artificios, más natural, más salvaje, más expresivo. A caballo entre el siglo XIX y el XX, no a todos complació la revolución en la danza que propuso Isadora Duncan, pero ganó el cambio y perdió la rigidez. 

El mito se fue forjando a lo largo de toda una vida rompiendo las reglas, no solo en su profesión, sino también en su vida privada. Su carácter libre no se amoldaba a las convenciones sociales y esta mujer decidió que se merecía vivir como ella quisiera. Amantes a decenas y de ambos sexos, relaciones tormentosas y maternidad en solitario eran verdaderos escándalos para aquella época, pero contribuyeron a dibujar el mito de Isadora Duncan. 

Por su legado como mujer, como icono y como mito, queremos celebrar este Día Internacional de la Danza con la figura de Isadora Duncan, una mujer decidida, creativa, emotiva, radical. Pero sobre todo, una mujer libre.

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