15 de junio de 2012

De jardinero a Rey

En la antigua Babilonia existía un ritual muy particular en el día de Año Nuevo, dicho ritual requería el sacrificio del monarca de turno como regalo a los dioses. Ante tan macabra obligación los reyes, que de tontos no tenían un pelo, solían tomarse un descanso ese mismo día y poner a cargo una persona a la que se denominaba “rey por un día”, generalmente un don nadie escogido entre los pobres, para que se haga responsable de todas las obligaciones, incluso la de ser sacrificado. 

Durante el reinado del rey Erra-Imitti el monarca se levantó por la mañana del día de año nuevo con la tarea de seleccionar a su efímero reemplazante. Su idea, como era costumbre, sería elegir a un mendigo de la ciudadela que lo reemplace. Sin embargo, el destino quiso que antes de marcharse se dirigiera a sus jardines a respirar el aire fresco de las flores. Una vez allí prontamente divisó a un joven jardinero llamado Enlil-Bani y, pensando que podía ahorrarse el trabajo de ir hasta la ciudadela, lo escogió para que lo remplazase. 

Por supuesto que el joven Enlil-Bani sintió que la desgracia había llamado a su puerta al ver como la guardia real lo escoltaba a la fuerza a ponerse el ropaje de rey. Ya cambiado y peinado y ante la multitud dispuesta a ofrecer al rey suplente como ofrenda, ocurre un rápido suceso que deja atónitos a los presentes: el rey Erra-Imitti se estremece y cae muerto al piso -posiblemente de un ataque cardíaco-. Seguros de que la deuda ya había sido saldada, y siendo que Enlil-Bani había sido coronado oficialmente, éste continuó siendo rey de Babilonia y viviendo con todos los lujos durante 24 largos años, llegando a ser el segundo rey más longevo de la dinastía Isin.

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