17 de mayo de 2012

Una pareja de lesbianas es vetada en su baile de promoción y lo celebran en el párking de botellón

Hope Decker, 18 años y estudiante de último año, y Tiffany Wright, de 16 años y de segundo curso, son dos chicas de Lexington, Kentucky (EE.UU.) que ya habían comprado sus vestidos para el evento más importante de un pre-universitario americano: su baile de promoción. 

Pero la tarde del viernes pasado, un día antes del baile que se celebraba el sábado, los administradores de su escuela, la Lexington Catholic High School, les comunicaron que no podían asistir como pareja debido a la postura de la Iglesia sobre las relaciones homosexuales. 

A pesar del aviso, Hope y Tiffany decidieron asistir al día siguiente a su baile, como el resto de los alumnos; pero cuando trataron de entrar en el gimnasio de la escuela, donde la fiesta de graduación tenía lugar, fueron rechazadas y se les impidió la entrada. Sin embargo las chicas no se quedaron sin su baile, pues todos sus amigos salieron al párking de la escuela para solidarizarse con ellas y montar la fiesta por su cuenta. 

Allí abrieron los capós de sus coches, pusieron música a todo volumen y sacaron unas mesas donde organizaron un buen botellón conmemorativo. En un correo electrónico remitido el domingo, el presidente de la escuela Lexington, Steve Angelucci (bien de nombre!) explico su decisión: “Como una escuela secundaria católica, confirmamos todas las enseñanzas de la Iglesia Católica. Las políticas y procedimientos de nuestra escuela reflejan esas enseñanzas”

Pero la intrépida Tiffany no ha tardado en responder en un buen número de medios norteamericanos dejándole en evidencia: “Me gustaría entender y respetar la decisión de la escuela si es que realmente lo confirman las enseñanzas de la iglesia”, dijo Wright el domingo por la noche. “Y por eso deberían haber prohibido la entrada también a todas las parejas que han tenido relaciones sexuales antes del matrimonio y todos los chicos que planeaban emborracharse después de la fiesta”

Aún así, las dos jóvenes graduadas se mostraron exultantes con el resultado de su fiesta, que definitivamente fue mucho más memorable que la celebrada en el anquilosado gimnasio de al lado. Y eso que les llovió.

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