27 de febrero de 2012

Condenada a la horca por ser católica en Pakistán: la carta a su esposo e hijos

"Mis niños, no pierdan ni el valor ni la fe en Jesucristo", son las palabras que la católica pakistaní Asia Bibi, condenada a pena de muerte a causa de la ley de blasfemia, dedica a sus hijos y a su esposo en una carta inédita y ahora publicada en el libro "¡Sacadme de aquí!", editado por LibrosLibres en España.

El libro fue escrito en prisión por Asia Bibi en colaboración con la periodista francesa Anne-Isabelle Tollet.

En la carta, la cristiana dedica conmovedoras palabras de amor a su esposo Ashiq y a sus cinco hijos mientras espera que se acepte su pedido de clemencia o se le aplique la horca.

"Desde que he vuelto a mi celda y sé que voy a morir, todos mis pensamientos se dirigen a ti, mi amado Ashiq, y a vosotros, mis adorados hijos. Nada siento más que dejaros solos en plena tormenta", expresa.

Sin embargo, a pesar del temor, Bibi alienta a su familia a mantener el deseo de ser felices a pesar que la vida no es fácil todos los días. "Somos cristianos y pobres, pero nuestra familia es un sol (…). No sé todavía cuándo me cuelgan, pero estad tranquilos, amores míos, iré con la cabeza bien alta, sin miedo, porque estaré en compañía de Nuestro Señor y con la Virgen María, que me acogerán en sus brazos", afirma.

El caso de Asia Bibi se convirtió en noticia mundial en 2010 cuando fue condenada a la pena capital en aplicación de la ley de blasfemia, que castiga con la horca a quienes supuestamente ofendan al islam y que se ha convertido en un arma de abuso contra las minorías religiosas en Pakistán e incluso de venganza entre musulmanes.

Actualmente hay un recurso contra su condena. Sin embargo tuvo que ser aislada en una celda sin ventana ni servicios higiénicos porque los musulmanes han puesto precio a su vida.

La carta escrita por Asia Bibi es la siguiente:

"Mi querido Ashiq, mis queridos hijos:

(...) Desde que he vuelto a mi celda y sé que voy a morir, todos mis pensamientos se dirigen a ti, mi amado Ashiq, y a vosotros, mis adorados hijos. Nada siento más que dejaros solos en plena tormenta.

Tú, Imran, mi hijo mayor de dieciocho años, te deseo que encuentres una buena esposa, a la que tú harás feliz como tu padre me ha hecho a mí.

Tú, mi primogénita Nasima, de veintidós años, ya tienes tu marido, con una familia que tan bien te ha acogido; da a tu padre pequeños nietecitos que educarás en la caridad cristiana como te hemos educado nosotros a ti.

Tú, mi dulce Isha, tienes quince años, aunque seas medio loquilla. Tu papá y yo te hemos considerado siempre como un regalo de Dios, eres tan buena y generosa... No intentes entender por qué tu mamá ya no está a tu lado, pero estás tan presente en mi corazón, tienes en él un lugarcito reservado nada más que para ti.

«No soy musulmana, pero soy buena pakistaní, católica y patriota, devota de mi país como de Dios.»

Sidra, no tienes más que trece años, y bien sé que desde que estoy en prisión eres tú la que se ocupa de las cosas de la casa, eres tú la que cuida de tu hermana mayor, Isha, que tanto necesita de ayuda. Nada siento más que haberte conducido a una vida de adulto, tú que eres tan jovencita y que deberías estar todavía jugando a las muñecas.

Mi pequeña Isham, sólo tienes nueve años, y vas a perder ya a tu mamá. ¡Dios mío, qué injusta puede ser la vida! Pero como continuarás yendo a la escuela, quedarás bien armada para defenderte de la injusticia de los hombres.

Mis niños, no perdáis ni el valor ni la fe en Jesucristo. Os sonreirán días mejores y allá arriba, cuando esté en los brazos del Señor, continuaré velando por vosotros. Pero por favor, os pido a los cinco que seáis prudentes, os pido no hacer nada que pueda ofender a los musulmanes o las reglas de este país. Hijas mías, me gustaría que tuvierais la suerte de encontrar un marido como vuestro padre.

Ashiq, a ti te he amado desde el primer día, y los veintidós años que hemos pasado juntos lo prueban. No he dejado nunca de agradecer al cielo haberte encontrado, haber tenido la suerte de un matrimonio por amor y no concertado, como es costumbre en nuestra provincia.

Teníamos los dos un carácter que encajaba, pero el destino está ahí, implacable… Individuos infames se han cruzado en nuestro camino. Hete ahí, solo con los frutos de nuestro amor: guarda el coraje y el orgullo de nuestra familia.

Hijos míos, (...) papá y yo hemos tenido siempre el deseo supremo de ser felices y de haceros felices, aun cuando la vida no es fácil todos los días. Somos cristianos y pobres, pero nuestra familia es un sol. Me habría gustado tanto veros crecer, seguir educándoos y hacer de vosotros personas honestas… ¡y lo seréis! (...)

No sé todavía cuándo me cuelgan, pero estad tranquilos, amores míos, iré con la cabeza bien alta, sin miedo, porque estaré en compañía de Nuestro Señor y con la Virgen María, que me acogerán en sus brazos.

Mi buen marido, continúa educando a nuestros niños como yo habría deseado hacerlo contigo.

Ashiq, hijos míos amadísimos, os voy a dejar para siempre, pero os amaré por toda una eternidad.

Mamá".

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